“Yo, sin jugar, soy como un recién nacido sin chupete”

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Potencia, técnica, velocidad y un espíritu de niño que juega al fútbol por el puro gozo que esto produce, un instinto tan primario como escaso en nuestros tiempos: todo esto era Ruud Gullit sobre el césped. El Tulipán Negro encarnaba la esencia del fútbol más puro y libre, ajeno a tácticas amarretas, intereses millonarios y una disciplina de hierro. Es por esto que Gullit, uno de los mejores delanteros holandeses de la historia, tenía ciertos aires anárquicos que lo llevaron a chocar no pocas veces con entrenadores, dirigentes y todo aquél que quisiera frenarlo en su galope desbordante hacia el arco rival.

Ganador del Balón de Oro en 1987, campeón de la Eurocopa 1988 con Holanda y bicampeón de la Copa de Europa con el legendario AC Milan de Arrigo Sacchi. Estos fueron los logros más importantes (no los únicos) en la fantástica carrera de Ruud Gullit, cuyas rastas ondeando al viento y sus 1,88 metros de estatura le daban el aura de un personaje mitológico que exhibió todo su poderío físico en las ligas de Holanda, Italia e Inglaterra.

A pesar de su apariencia de dios caribeño, Ruud Gullit es más holandés que los molinos. Nació en Ámsterdam en 1962 y es hijo de inmigrantes de Surinam, lo que sin duda ha influido en su forma de jugar y de vivir. Gullit siempre ha sido un enemigo declarado del racismo y vocero de los desfavorecidos, participando en campañas contra el Apartheid en Sudáfrica y la discriminación racial en toda Europa.

“Yo, sin jugar, soy como un recién nacido sin chupete”, Ruud Gullit

Este gigante holandés siempre mantuvo un espíritu libre y un amor por el fútbol que lo llevó a retirarse a los 37 años (cuando era técnico y jugador del Chelsea inglés), superando innumerables lesiones graves a lo largo de su carrera. Por esto una de sus frases más conocidas refleja a la perfección la esencia de esta leyenda del fútbol, como lo escribió Eduardo Galeano en su genial obra El fútbol a sol y sombra:

A Gullit le operaron tres veces una rodilla. Las tres veces, los comentaristas lo dieron por liquidado. Pero resucitó, a puras ganas: Yo, sin jugar, soy como un recién nacido sin chupete.

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